viernes 1 de mayo de 2009

Profundo Vicente Pastor

25/04/2009 LUIS FEAS COSTILLA

EXPOSICION: Vicente Pastor. Profundidades.

LUGAR: Sala Alvaro Delgado, avenida de Alvaro de Albornoz, 6 (Luarca). De lunes a sábados, de 19 a 21 horas.
FECHA DE CLAUSURA: 30 de abril.

Todo lo que hace Vicente Pastor suele tener carga de profundidad. Autor de una obra en la que se unen arte, vida y naturaleza, su compromiso conservacionista le ha llevado con frecuencia a expresar, junto a la belleza de cuanto nos rodea, la alegría y la celebración del mundo natural, el dolor de la pérdida de ese patrimonio riquísimo que ha ido mermándose con la especulación urbanística y el deterioro ambiental. Vivir en la naturaleza ha sido fuente de toda una amplísima cultura ancestral, vigente hasta ahora mismo y que desde hace apenas unas décadas está desapareciendo a ojos vistas, a medida que las tradiciones rurales y campesinas van siendo sustituidas por los nuevos modos ciudadanos, y el artista de Luarca no puede evitar lamentar su desbocado arrollamiento, hecho sin ton ni son, sin planteamientos reflexivos ni verdadera conciencia de necesidad y mejora. Pastor denuncia a su congregación los desmanes cometidos y lo bueno es que no lo hace desde la nostalgia retardataria sino con un lenguaje estrictamente contemporáneo, en el que se mezclan la pintura abstracta, las acciones artísticas e instalaciones de vídeo y objetos encontrados, lo bastante elocuentes como para dar voz a lo que el artista asturiano quiere expresar.
La exposición que estos días presenta en la Sala Alvaro Delgado de Luarca se abre por ejemplo con la contundente proyección de una cascada sobre un panel pintado de azul ultramar, el color con el que Vicente Pastor más se identifica y que predomina con todo el sentido en la quincena de cuadros que allí se muestran, alrededor de una enorme bola de redes y peces flotador. La actuación de mayor interés es, no obstante, la que se enseña en el catálogo y en un pequeño rincón pintado de rojo y que representa el descenso que hizo en compañía del fotógrafo Ernesto García por el río Barayo, en una intervención mínima que encierra todas las metáforas posibles sobre el fluir un tanto absurdo de la vida.

Los poemas de Samuel Beckett que acompañaron a Vicente Pastor durante el descenso de tres días a lo largo del río Barayo --desde su nacimiento hasta que va a dar a la mar, que en esta ocasión no es el morir, sino la vida misma, fuente de riqueza continuamente sobreexplotada y esquilmada-- son, en cuanto detritus, buena verbalización de lo que el artista ha querido decir, armado tan solo con una caja de tizas, con las que ha subrayado aquellos elementos que en su camino le han parecido más significativos, ramas, hojas y guijarros sobre los que ha escrito algunos de los versos del escritor franco-irlandés o dibujado pequeñas marcas decorativas, a modo de señales de intervención mínima, respetuosas con la naturaleza y no por ello menos artísticas.
La prudencia y la discreción son dos valores que hay que rescatar en el arte contemporáneo, tan dado a los excesos y a las pomposas vanidades, y en eso es ejemplar el artista asturiano, cuya vida es tan acorde con lo que hace que no cabe sino ensalzar su honestidad, su coherencia y su cordura, mantenidas gracias a una rectitud verdaderamente estoica, que ha servido de modelo a artistas más jóvenes.

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